¿CUÁL DEBE SER LA ACTITUD DE LOS CRISTIANOS CATÓLICOS RESPECTO A LOS FIELES Y PRÁCTICAS Y LAS CREENCIAS DE OTRAS RELIGIONES?


Cuando saltan a la luz pública temas con una aparente gran repercusión en las convicciones morales de las personas, como pudieran ser el aborto, la eutanasia o la legalización de la pena de muerte, automáticamente los medios de comunicación ponen el foco en aquellos políticos o ciudadanos que profesan una determinada confesión religiosa. Con ello, pretenden trasladar a la opinión pública que el posicionamiento de dichas personas al respecto vendrá condicionado por su credo religioso. Esto es algo que se repite constantemente, y sin embargo, los resultados siempre contradicen las expectativas creadas desde los medios. Al final los políticos se someten a la disciplina de partido por miedo a perder su escaño en las siguientes elecciones y los ciudadanos pertenecientes a una determinada confesión manifiestan opiniones encontradas respecto a los temas sometidos a debate.

Esta aparente disonancia entre convicciones religiosas y posiciones morales que se produce en muchos creyentes, podría resultar chocante para algunos. Sin embargo, analizada esta cuestión desde la filosofía moral, nos encontramos con que esa apreciación común se basa en realidad en un error consistente en concebir el seguimiento a los credos religiosos como el fundamento sobre el que el creyente basa su comportamiento, ya sea en su vida privada o en el foro público. Esta impresión no aborda de una manera adecuada en qué medida las creencias religiosas de los creyentes se rigen por las doctrinas de sus religiones.

La tolerancia religiosa significa respetar y aceptar la existencia de otras formas de vida, creencias e ideas, así como la no creencia en ninguna religión. El concepto opuesto, la intolerancia religiosa, puede consistir en considerar ciertas creencias como anómalas, fuera de lugar o heréticas por el simple hecho de ser diferentes. Para que se dé la tolerancia religiosa es necesario que los individuos y las instituciones reconozcan la pluralidad y la diversidad del mundo en que vivimos, así como la existencia de conceptos que para otros son importantes aunque pertenezcan a una minoría.

Los dogmas de un culto en particular se deben interpretar como para uso dentro de la comunidad que los profesa y sin involucrar a terceros en el mundo exterior que no deseen participar de ellos. En el caso de la relación entre personas de distintos credos religiosos (o que no practican ninguno), puede aplicarse el principio moral de la llamada regla de oro, presente en casi toda cultura, religión o filosofía como una regla fundamental: "trata a los demás como quieres que te traten a ti", llamando así, no solo a convivir con tolerancia y respeto , sino también a tratar a todos como quisiéramos ser tratados de igual forma.

Para prevenir los problemas mencionados, es necesario educar en valores, es preciso que se enseñe a discernir a las creencias religiosas entre lo que construye a la sociedad y aquello que puede destruirla, ya que todo creyente, debería aprender a analizar los contenidos morales y filosófico de las doctrinas de las distintas religiones. De hecho, es importante que se conozca cuál es el verdadero significado de religión, de la salvación, de los conceptos de cielo, de infierno, etc. Muchas veces, la ignorancia del lenguaje religioso, lleva al creyente a creer cosas que no son coherentes y a realizar actos destructivos.

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